24 abr. 2012

MARIPOSAS Y SARTENAZOS (y III)


¿Está condenado todo mundo a sufrir conflictos en las relaciones? Tristemente...si, pero se supone que la base de una relación son amor, comunicación y respeto por la otra persona, así que los conflictos no deberían ser lo único en una relación. Son inevitables, si, pero más llevaderos si se tratan de forma adecuada.

Un ejemplo claro de cómo es esto ocurrió con mis padres. Mis padres tiene más de 30 años casados y no pasa una semana sin que discutan por algo. Lo interesante es que cuando uno de ellos se molesta, el otro intenta arreglar las cosas y no pasa más de una noche y asunto resuelto. En un principio no fue así.

Mi madre era una mujer extremadamente celosa. Mi padre no podía llegar algunos minutos tarde porque ella se enfurecía y cuando lo veía le aventaba los platos, literalmente. Mi madre peleaba con él por todo. Mi padre, sin embargo, aguantó toda esa situación hasta que decidió que ya no dejaría que eso pasara. Un par de pláticas y ayuda profesional y eso desapareció.

Fue bastante difícil para mi padre. Ahora, mi padre tiene más de 20 años trabajando en transporte pesado y ¿saben qué? esta fuera de casa por semanas, sin embargo, mi madre confía en él ahora más que nunca.

Mi padre por otro lado es bastante estricto y serio. Vocifera, no de enojo, sino porque así es como habla. Siempre todo en su lugar y sin escándalo innecesario. Mi madre (después del episodio de celos) cayo en cuenta de lo enojado que era mi padre. De ese punto fue progresivo hasta que mi madre habló seriamente con él e hizo que se diera cuenta de que sus hijos (nosotros) le teníamos miedo. Mejoró su forma de ser. Se volvió lo más amable que puede ser, aunque no puede evitar vociferar cuando esta molesto. Hoy, sus cuatro hijos lo aman más que nunca.

¿Que tiene que ver la historia de mis padres acerca de lo que hablamos? Todo.

Mis padres son muy diferentes entre si. Cada uno tiene cosas que molestan al otro y lo demuestran muy bien. Sin embargo, ellos han aprendido a amarse el uno al otro a pesar de las cosas que en tantísimos años no han logrado cambiar. Ellos se aceptan como son.

Personalmente, no soy un experto en relaciones entre pareja y mucho menos de matrimonios, pero si hay algo que todos los matrimonios te enseñan como soltero es que el amor va mucho más allá de lo que te gusta de una persona, el verdadero amor se demuestra aceptando a la otra persona a pesar de la enorme lista de defectos que tiene.

23 abr. 2012

MARIPOSAS Y SARTENAZOS (II)


Como decía en la entrega anterior, los humanos somos cajas de sorpresas. Tenemos tantas conductas y costumbre que resulta prácticamente imposible conocer a alguien al cien por cien. Un ejemplo de ello es que desconocemos muchos hábitos que todos los demás ven, pero nosotros obviamos. Esto se manifiesta más cuando vives con alguien que viene de un contexto diferente.

Supongamos que una chica viene de una familia en donde todo debe estar en su lugar, todo debe estar limpio y nadie ABSOLUTAMENTE NADIE puede usar las cosas del otro. Esta chica conoce a un chico guapo que resulta ser muy divertido y además es fotógrafo*. Salen junto, se vuelven novios y finalmente se casan. En ese momento todo va bien hasta que la chica se da cuenta de que su esposo es muy poco organizado, deja caer migas en toda la casa y cuando sale del baño usa las sandalias de ella.

La verdad es que cuando estas enamorado de alguien, no te das cuenta de que tiene hábitos que seguramente odiarás y, si los identificas, te escondes bajo el "no importa, aún así lo amo".

No hay problema con eso, pero una vez el enamoramiento llega a su fin, esa conducta que tal vez parecía no molestar mucho, resulta ser un verdadero problema. Incluso hay cosas que te gustaban de alguien, pero resultaron ser lo que más detestas de él. Alguien puede tener un sentido del humor perfecto: buenos chistes, anécdotas interesantes, comentarios acertados, pero uno de esos días esa conducta podría parecer muy infantil  o muy sarcástica y ZAS tu pareja te lanza una mirada asesina.

Al llegar al punto en que los defectos de una persona son muy evidentes, entonces es común caer en una discusión por cualquier tontería. Un plato fuera de lugar, una camisa en el suelo, una llamada perdida, un flor equivocada, un mal dato, cualquier cosa funciona como una chispa en un cuarto lleno de gasolina y alcohol.

18 abr. 2012

CONTEXTOS

Allí tienen a mi madre de 17 años en la relación más seria que jamás haya tenido en su vida. Un hombre que le promete el sol, la luna y las estrellas si le otorga la gracia de ser su pareja. Mi madre enamorada como no hay otra. Mi madre descubre el engaño: el hombre estaba a punto de casarse con otra y solo quería tener sexo con ella. Mi madre hasta el suelo.

Mi madre se vuelve cristiana, luego emigra a la ciudad a donde está su hermana mayor que ya tiene hijos y un esposo. La humillan por donde no hay más, incluso la hacen dormir en la calle. Un día sin más la echan y mi madre muy pobre empieza a trabajar y se va a vivir sola. Solo puede pagar el alquiler de su habitación y duerme en una improvisada cama. No desayuna, no cena. Sola.

Mi madre encuentra una iglesia. Conoce a un joven de mi edad. Es atractivo pero parece orgulloso. Lo rechaza luego de una broma tipo "¿Se casaría conmigo?". Mi madre al fin lo comprende, es el hombre de su vida. Apenas son novios 6 meses. Pelean. Se casan un 19 de diciembre de 1981.

* * *

Allí tienen a mi padre de 14 años alimentando pollos en una granja. Se fue de su casa a buscar trabajo. Se da cuenta que el trabajo duro hace ganar dinero. El dinero da oportunidad de tener un mejor estilo de vida. Compra ropa, comida y amigos. Siguiendo la tradición de su frío padre, empieza a beber hasta perder consciencia. Peleas con otros tipos. Paseos con otros borrachos. Cerveza, sudor, mujeres, soledad. Mi padre intenta matarse la primera vez. Fracasó. Intenta matarse por segunda vez. Vuelve a fracasar.

Un día de 1981 se vuelve cristiano. Deja de beber. Pierde a sus amigos y su familia. Conoce a mi madre. La hermana de mi madre intenta tener algo con el. Mi padre la ahuyenta. Mi padre empieza a acercarse a mi difícil madre. Se vuelven pareja. Pelean. Se casan un 19 de diciembre de 1981.

* * *

MARIPOSAS Y SARTENAZOS (I)

En una de esas sobremesas extensas que son comunes en mi familia, tuvimos la compañía de mi hermano mayor y su hermosa esposa. La conversación corría de uno a otro tema hasta que terminó convergiendo en la típica discusión entre parejas de diferentes edades que se aconsejan la una a la otra.

Fue bastante obvio el notar que las parejas, sin importar cuanto tiempo tengan juntas, tienden a tener conflictos entre sus miembros. Mis padres tienen 31 años de casados. Mi hermano apenas llegará a su segundo año. Sin embargo, fue bastante fácil para mi comprender el asunto: los hombres hacen muchas cosas que molestan a sus esposas y sus esposas... también.

No hace falta ser un experto para entender que cuando hay humanos en una relación, también habrán problemas y conflictos. Los humanos son criados y formados en un contexto que es influenciado por múltiples factores tales como el lugar de nacimiento, el idioma o cultura del lugar, costumbres y religiones, etc. Si sumamos las variables genéticas y sociales, obtendremos a una persona con una ideología, cultura y costumbres únicas.

Es lógico pensar que siendo cada persona única y con un contexto en particular, cuando se relaciona esta con otras personas se dará un choque que puede ser positivo o negativo. En palabras simples, te puede agradar o no otra persona. Y como todos somos cajas llenas de sorpresas, venimos con características positivas y negativas que hará que las personas amen y desprecien cosas en nosotros. Eso es la raíz de los conflictos en las relaciones.

Lo que si es una verdadera revelación, es cuando se cae en la cuenta de la profundidad de esos conflictos y de lo reales que son en la vida de las personas.

En la próxima entrega, veremos algunos ejemplos bastante comunes. Mientras tanto podéis comentar sobre el asunto con vuestros conocid@s.


11 abr. 2012

STOP "FACIL"


Ayer leía un post de una querida blogguera a quien sigo desde hace meses. En su publicación hacía referencia a la mala costumbre que muchos hombres, e incluso mujeres, tienen de tildar a ciertas mujeres de "fáciles". Note el énfasis en mujeres. Y si usted no esta consciente de esto, SI, muchos hombres tienen el descaro de etiquetar a algunas mujeres de fáciles.

Acá haré mi paráfrasis de la pregunta que Dios le hizo a Adán ¿Quien te dijo que las mujeres eran fáciles?

De no ser por la publicación antes mencionada, nunca habría caído en cuenta de que yo tenía la misma creencia de las mujeres fáciles. Cada palabra de este artículo me golpeaba como si todas las chicas a quienes en algún momento califiqué de fáciles me abofetearan con ladrillos. No me había dado cuenta de que en realidad tenía una forma muy pero muy fea de clasificar a las mujeres.

Y digo "tenía" por el hecho de que decidí (desde ayer) dejar esa ideología por una mas consciente y justa. Decidí dejar de usar la etiqueta "fácil" y eliminarla de mi lenguaje descriptivo de una mujer porque si de algo estoy consciente ahora es que si una mujer tiene una vida sexual activa es lo que menos debe importar.

Lo importante, como siempre, es lo que llevan allí dentro del corazón. Y si el objetivo era cambiar mentalidades, acá hay un hombre que cambió.

10 abr. 2012

LA RUEDA DESEMPEÑO/ACEPTACIÓN

No recuerdo si ya hable sobre esto pero creo que es necesario seguirlo mencionando. Hay miles de personas en el mundo atrapadas en algo que podemos llamar La Rueda desempeño/aceptación (Joyce Meyer). Es un circulo vicioso que se forma desde la niñez en donde una persona percibe que puede ser aceptada o amada solo si su desempeño es perfecto.

Desde niño, se recibe la impresión de que para ser aceptado es necesario sobresalir en algún aspecto. Pareciera que se esta midiendo el desempeño y comparándolo con el de otros. Se le pide a un niño ser igual o mejor que su primo o amigo; se le pide a una persona tener los resultados de la otra; se le pide a una mujer que se comporte como tal otra. Es como si todo mundo estuviera empeñado solo en ver el desempeño de los demás.

Entonces los niños crecen creyendo que solo si tienen un buen desempeño podrán ser felices. Acá es donde se forma el circulo vicioso: Una persona intenta ser mejor y fracasa, lo intenta de nuevo y vuelve a fracasar, e intenta, intenta, y vuelve a fracasar.

La única forma de salir de este círculo es cuando se entiende de que nuestra aceptación no depende de nuestro desempeño. Al mundo solo le importa nuestro desempeño, pero eso no significa que a nosotros deba importarnos (al menos no debiera importarnos demasiado). Porque muchas veces nos enfocamos en nuestro desempeño en lugar de nuestro valor como personas. Para empezar debemos aceptarnos a nosotros mismos a pesar de no tener el desempeño que desearíamos tener.

Ese es el primer paso, auto-aceptarse. El segundo paso es aceptar a los demás a pesar de que no son perfectos. Solo entonces, seremos felices.


9 abr. 2012

MI HISTORIA CON... SUSY (I)

En este extenso asueto que, gracias a la herencia romana, nos han dado, tuve la oportunidad de meditar y recordar en algunas cosas que han pasado en mi vida. En medio de esas reflexiones, recordé a mis amigos y amigas de infancia y adolescencia, las personas que estaban antes de las que ahora están en mi vida (y se quedaron) de las que ya escribí en la víspera de mi cumpleaños número veinticinco (para los nuevos buscar en octubre 2011).

Fue entonces cuando me di cuenta que en mi vida han habido chicas que han aparecido por cortos períodos de mi vida y que de una u otra forma puedo recordar. Chicas con quienes he tenido una pequeña historia.

La primera a la que puedo recordar es a Susana A, conocida por mis compañeros de clase como la Susy.

Quien tiene más 13 años de conocerme (casi nadie) recordará de quien estoy hablando. Una chica pequeñita, en toda la palabra, con una cuantas pecas en su rostro, ojos pequeños, pelo negro y liso. Siempre usaba una tiara o diadema y siempre fue así, pequeña.

La recuerdo desde el primer año de la escuela primaria. En ese entonces yo no era una gran chico, era un poco más alto que ella pero igualmente pequeño, los primeros de la fila de hombres y mujeres que hacían para los días cívicos. Siempre que se llamaba a los más pequeños, eran ella y yo. Por tal razón, todos los demás siempre decían que eramos novios. En ese entonces no me molestaba ni tampoco me alegraba; creía que las diferencias entre los niños y niñas eran las faldas, los baños y el pelo largo.

Recuerdo haberla tenido como compañera durante toda la primaria. No era mi amiga. Tampoco fue mi novia jamás. Simplemente allí estaba. Y esa fue suficiente razón para que todos en el colegio me colgaran por seis años una relación que yo ni siquiera sabía que existía.

Una vez, un compañero del sexto año que era nuevo me preguntó sobre el asunto. Le dije que siempre había sido así y que todos me molestaban con eso. Luego me hizo la pregunta que todo hombre espera que se le haga ¿Te gusta? Mi respuesta fue un vacilante SI, pero la verdad nunca estuve seguro si me gustaba.

En ese entonces tenía once años y lo que menos me interesaba era una niña pequeña, estaba más interesado en las chicas más grandes, quienes habían desarrollado senos y caderas anchas. Así que tal vez si me gustaba, pero mis hormonas me desviaban la vista a terrenos más peligrosos. No estoy seguro de que sucedía en mi.

Terminó la primaria. Hubo una ceremonia. Como era de costumbre, los primeros de las filas eran ella y yo. Subimos a una tarima, nos dieron nuestros respectivos diplomas. Minutos después, estaba parado frente al público dando un discurso de agradecimiento y despedida del colegio. Escuché los aplausos, me dieron una medalla como el mejor alumno de todo el colegio. Bajamos del escenario, primero las chicas y luego los chicos. Vi a mi madre, me dio un abrazo y nos fuimos a casa.

Ese fue el último día que la vi... hace 14 años.