Las usan para todo: para vender lápices y automóviles; para anunciar golosinas y vacaciones; facturar seguros o una excitante fiesta nocturna. Las usan para todo y todos parecen aceptarlo, incluso ellas (no todas, por supuesto). Fueron provistas de una fortaleza natural: son hermosas. Desde chiquillas sonríen e iluminan la vida de muchos. Crecen y se convierten en seres cautivadores de mentes y corazones. Cada día son responsables de que los humanoides masculinos suspiremos por ellas (especialmente si son morenas). ¿Cómo traduce el mundo esa hermosura? No lo sé con certeza. Lo cierto es que adonde quiera que volteo veo cuerpos y rostros casi perfectos que me invitan a soñar. Entonces veo detenidamente a las mujeres a mi alrededor, con mis engañosos ojos descubro que todas son imperfectas, por lo tanto, perfectas. Algunas de ellas se esfuerzan cada día por ser más hermosas y complementa su belleza natural con ornamentos que compensan la falta de perfección. No tiene nada de mal...
No andaba muerto... solo disfrutando de la vida.