La vida siempre es incierta. Todos tenemos el síndrome del Anualus prometetus (que acabo de inventar) que se representa en las metas y propósitos que nos planteamos cada fin de año con la intención de cambiar o hacer algo nuevo con nuestras vidas. Tenemos el impulso de hacer algo nuevo, hacer algo divertido, algo arriesgado, algo salvaje, algo aventurero. Está escrito en nuestra esencia. Somos curiosos por naturaleza y de allí que siempre nos propongamos cosas nuevas. Puede ser por una, por varias o por ninguna razón lógica, pero nunca terminamos de hacer lo que prometimos que haríamos. Cada diciembre lo despedimos con nostalgia y después de la media noche y su respectivo beso y abrazo, nos entusiasmamos con todo lo que tenemos pensado hacer ¿Qué sucede en el camino? Nadie parece saber la razón, pero a medio año, ya la mayoría han descartado una o dos cosas de su lista. Al final hacemos un recuento y terminamos posponiendo lo que no hicimos. Incontables listas han sido escr...
No andaba muerto... solo disfrutando de la vida.